Terence Hill & Bud Spencer, los reyes del mamporro, en España.

Víctor Matellano

Podríamos llamarles “los reyes del mamporro”, porque en sus películas a parte de diversión había puñetazos verticales y ostias como panes, de las de la mano abierta. Así eran aquellos títulos protagonizados por Terence Hill y Bud Spencer que cautivaron a los niños, jóvenes y no tan jóvenes de los setenta, ochenta y noventa.

Eran algo así como en el circo el payaso Carablanca y el payaso Augusto, solían tener los roles definidos en los argumentos, aunque siempre con el sarcasmo añadido. Terence Hill, de nombre real Mario Girotti, hacía del guapo, el rubio, el listo, el sibilino. Y Bud Spencer, nombre artístico de Carlo Pedersoli, solía interpretar al forzudo, al tosco, al ingenuo, al bonachón.

Ambos eran italianos, Mario, veneciano, y Carlo, napolitano. Bueno, Terence y Bud, que me disculpen, porque a ellos no les gusta (gustaba en caso de Bud) que les llamen por su nombre real. Y ambos comenzaron en el cine casi por casualidad, aunque de manera temprana, sobre todo Terence.

Les llegó el éxito con Le llamaban Trinidad


Se hicieron muy famosos con Le llamaban Trinidad (Lo chiamavano Trinità…), un western cómico, de grandísimo éxito, en el que se juntaba humor con cine del oeste, y donde se mezclaba la violencia “blanca” y de Tebeo a base de mamporros con esa dualidad de personajes, esos roles, que antes he comentado. Y así fue durante bastantes títulos en los que trabajaron, unos quince más.

Dudo que haya alguien que no los conozca. Pero también dudo que todo el mundo sepa que sus carreras conjuntas nacieron en España, aquí hicieron su primera película juntos, y estuvieron ligados a este país durante mucho tiempo. Dios perdona… yo no (Dio perdona… Io no!), en 1967, es su primera película juntos, y la ruedan en Almería. Entonces disparaban, no utilizaban como única arma los puños, y aparecían en títulos con la violencia típica del Eurowestern (O del, para mí, mal llamado Spaghetti Western) Y desde entonces frecuentaron los rodajes en España, ya sea juntos como en La colina de las botas  (La collina degli stivali) en Almería, El corsario negro (Il corsaro nero) en la Costa Brava, o Y si no, nos enfadamos (…altrimenti ci arrabbiamo!) en Madrid, o por separado, como Terence Hill en La cólera del viento en Huelva o Bud Spencer en También los ángeles comen judías (Anche gli angeli mangiano fagioli) en Barcelona. De hecho Spencer llegó a rodar otro tipo de películas en España en los años noventa como Hijos del viento y Al límite, mientras que Hill participó mucho antes en una película junto a Sara Montiel, Pecado de amor, en 1961, y su última película, La CHiavavamo Maryam, (dirigida por él mismo) la ha rodado en Almería.

La primera película que vi de ellos en el cine, aunque sólo interpretada por Bud Spencer fue Pegafuerte (Lo chiamavano Bulldozer), poco antes de ver Le llamaban Trinidad, ya con el dúa al completo, en una de sus reposiciones. Y quedé francamente fascinado, tanto con la primera como la segunda, tenían algo de magnético para los antiguos niños de entonces. Por eso me hizo mucha ilusión conocer a Bud Spencer años después en una gala de Telecinco, y mucho después volverle a ver durante el rodaje de un spot publicitario en Madrid en el 2009.

Bud Spencer y Víctor Matellano durante el rodaje de un spot publicitario en Madrid en 2009

Con Terence, el contacto llegaría más tarde, pero igual de ilusionante para mí. Tuvimos la oportunidad de acompañarle en su homenaje en Tabernas (Almería), en el Almería Western Film Festival, en el que preestrenamos Stop Over in Hell. Para mi eran y son unos mitos, y poder compartir ratos con ellos es una de las pequeñas, íntimas, satisfacciones que a mí personalmente me da la vida.

Andrés Acevedo, Terence Hill, Víctor Matellano y Juan Gabriel García en el Almería Western Film Festival 2016

Por eso la noticia de la pérdida de Carlo Pedersoli (perdón, Bud Spencer) fue un mazazo para mí. Y por ello te dedico estas líneas, querido Bambino.

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